El seguimiento activo en los más pequeños resulta clave para la detección de posibles dificultades en su proceso de desarrollo. Uno de los primeros diagnósticos que pueden aparecer en los primeros años de vida es el retraso global del desarrollo, que se da en niños de entre 12 meses y 6 años. Este consiste en el retraso significativo de dos o más áreas del desarrollo, como pueden ser la motricidad gruesa y fina, el lenguaje y comunicación, el desarrollo cognitivo o las habilidades sociales.
Las causas del retraso global del desarrollo pueden ser diversas, y en algunos casos, no responden a una causa concreta. Sin embargo, entre las más frecuentes se encuentran:.
- Factores genéticos: trastornos cromosómicos (como el síndrome de Down), enfermedades metabólicas…
- Complicaciones prenatales: determinadas circunstancias dentro del embarazo o en el momento del parto, así como el nacimiento prematuro, pueden ser un factor determinante.
- Problemas de salud: dolencias tempranas como lesiones en el cerebro, enfermedades del corazón, en los pulmones o problemas metabólicos pueden afectar al desarrollo del menor.
- Factores en la crianza: la adquisición de hábitos adecuados en el menor puede verse afectada por acciones inadecuadas o falta de estimulación en la crianza.

Señales y síntomas del retraso global del desarrollo.
Aunque cada niño tiene su propio ritmo de crecimiento, existen ciertas acciones del desarrollo que si no se alcanzan dentro del rango esperado, pueden ser una señal de alerta. El retraso global del desarrollo se manifiesta cuando se observan dificultades significativas en dos o más de la siguientes áreas:
Desarrollo cognitivo 🧠
- Dificultad para resolver problemas sencillos o seguir instrucciones básicas.
- Poco interés por explorar o jugar de forma activa.
- Dificultad para mantener la atención o concentrarse.
- Baja capacidad para recordar e imitar acciones.
Lenguaje y comunicación 🗣️
- No balbucea ni dice palabras sencillas hacia los 18-24 meses.
- No responde a su nombre o no sigue órdenes simples.
- No forma frases de dos o más palabras a los 2 años.
- Dificultad para expresarse o comprender lo que se le dice.
- Poca interacción verbal, se limita a emitir sonidos o gritos.
Desarrollo motor (grueso y fino) 🧍
- Retraso en sentarse, gatear, sentarse, caminar o correr.
- Torpeza al usar las manos para agarrar objetos o manipular juguetes.
- Caídas frecuentes o dificultad para mantener el equilibrio.
- Falta de control de los músculos.
Habilidades sociales y emocionales 👥
- Poco contacto visual o escasa interacción con otras personas.
- Preferencia por jugar solo o dificultad para compartir y relacionarse.
- Irritabilidad frecuente o dificultad para calmarse.
- Falta de expresión de emociones básicas como la alegría, la tristeza o el miedo.
- No busca consuelo o no muestra señales de ansiedad ante la separación de los padres.
Otros signos generales 🧩
- Escasa curiosidad por el entorno.
- Retrasos en el control de esfínteres.
- Alteraciones en el sueño o en la alimentación.
¿Cómo intervenir ante un retraso global del desarrollo?

Una vez han sido detectadas las primeras señales de un posible retraso, la intervención temprana resulta clave. Cuanto antes se empiece a trabajar con el menor, las posibilidades de mejora y su bienestar general serán mayores. Pero, ¿y ahora qué?. Por aquí te dejamos los pasos que son esenciales para que la intervención sea efectiva:
- Valoración profesional completa.
El primer paso es llevar a cabo una evaluación que permita conocer en profundidad las áreas de desarrollo afectadas. Para llevar a cabo esta valoración, es importante que esté al mando un equipo profesional que ayude a detectar de la forma más concisa posible los problemas a los que se enfrenta el menor.
- Creación de un plan de intervención personalizado.
Una vez se tienen ya los resultados de la evaluación inicial, se diseña un plan de intervención que esté adaptado a las necesidades especiales del menor, así como de su entorno familiar. Además, este plan será revisado y ajustado periódicamente según la evolución que se vaya observando.
- Trabajo coordinado con la familia.
El papel de la familia en el proceso es esencial ya que la intervención no solo se lleva a cabo en el centro terapéutico. Todo aquello que se trabaja en las sesiones es importante que se refuerce en casa, por lo que la comunicación entre especialistas y familiares debe ser constante y fluida.
- Estimulación en el entorno cotidiano
Es fundamental que el menor tenga oportunidades de aplicar lo aprendido en contextos naturales, como puede ser el hogar, el parque o el colegio. Las rutinas diarias se convierten en grandes aliadas si se integran las acciones terapéuticas de manera lúdica y significativa.
- Apoyo a las familias
Recibir un diagnóstico puede generar miedo, incertidumbre e incluso culpa. Por ello, el acompañamiento emocional de las familias es un pilar más en el proceso. Sentirse escuchados, apoyados y comprendidos hace que puedan sostener mejor el camino para el desarrollo de sus hijos.
Apoyo profesional y seguimiento
Como ya dijimos antes, el acompañamiento profesional es fundamental en todo el proceso por lo que contar con un equipo capacitado permite no solo abordar las dificultades actuales, sino que también anticiparse a posibles retos futuros. En Centro Movo, ubicado en Emilia Pardo Bazán 25, Ourense, contamos con un equipo de profesionales especializados en el acompañamiento de niños con necesidades específicas. Nuestro equipo, al que puedes contactar llamando al 988 06 00 81 o a través del correo electrónico hola@centromovo.es, ayuda a las familias a encontrar las mejores estrategias para cada etapa. Porque cuando trabajamos juntos, los pequeños pasos se convierten en grandes logros.







